De Arón Gilbert. Una publicación de Ediciones del Ermitaño.
Jedwabne: un nombre nuevo para el Holocausto
Jan Gross and Rev. Stanislaw Musial
La publicación del libro Neighbors, de Jan Gross, acerca de la masacre
polaca de judíos en Jedwabne en 1941, ha sido fuente de muchos debates y
mucha consternación en los medios polacos e internacionales. El Profesor
Gross brindó a Project Syndicate un breve resumen de sus descubrimientos:
El 10 de julio de 1941, todos los judíos del pequeño pueblo de Jedwabne
fueron asesinados. Esa masacre fue distinta a cualquier otro asesinato en
Polonia durante la Segunda Guerra Mundial del que tuviéramos conocimiento
hasta hace poco. En ese fatídico día de hace sesenta años, sus vecinos
polacos mataron a los habitantes judíos de Jedwabne en todo el pueblo,
conduciendo a la mayoría a un enorme granero y quemándolos vivos.
En septiembre de 1939, cuando empezó la Segunda Guerra Mundial, Hitler y
Stalin se dividieron Polonia. Sus regímenes de ocupación fueron despiadados.
Se encarceló a mucha gente y se les deportó y asesinó por veintenas.
Jedwabne, con 2,500 habitantes (1,500 de ellos judíos) estaba en la zona
soviética, cerca de la línea de demarcación que separaba a ambas zonas de
ocupación. Cuando la Alemania Nazi atacó a la Unión Soviética el 21 de junio
de 1941, las tropas alemanas entraron a Jedwabne al día siguiente. Veintenas
de judíos fueron asesinados en el pueblo inmediatamente. En los alrededores,
al igual que en todas partes del frente oriental, los destacamentos
especiales de la policía alemana (los llamadosEinsatzgruppen ) llevaron a
cabo ejecuciones masivas de judíos indefensos.
Los asesinatos no habrían podido llevarse a cabo sin el permiso de los
alemanes. Con toda probabilidad los que se hallaban presentes los incitaron,
pero fueron los habitantes de Jedwabne y de las aldeas vecinas quienes
perpetraron los asesinatos. En mayo de 1949 se llevó a juicio en Polonia a
22 de los participantes, por ayudar a los alemanes en sus planes para
exterminar a los judíos.
El reverendo Stanislav Musial, una figura prominente en El Vaticano y en la
Iglesia Católica Polaca, brindó a Project Syndicate un comentario acerca de
la importancia de la investigación del Profesor Gross tanto en Polonia como
internacionalmente:
CRACOVIA: Cincuenta y nueve años después de la masacre de los judíos de
Jedwabne, apareció en Polonia un libro sobre este trágico evento escrito por
el profesor Jan Gross. Conmocionó a la opinión pública polaca como ningún
otro libro en el último medio siglo. ¿Por qué? El profesor Gross demostró
que la masacre de judíos de Jedwabne no la perpetraron alemanes ayudados por
polacos, sino polacos ayudados -probablemente no mucho- por alemanes.
¿Por qué conmocionó tanto esta verdad a los polacos? Antes de que apareciera
el libro de Gross, los polacos admitieron muchos pecados cometidos contra
los judíos durante la ocupación alemana. Algunos polacos chantajearon a los
judíos, algunos los explotaron materialmente, otros los denunciaron a la
Gestapo y algunos, en incidentes aislados, los asesinaron. Sin embargo,
pocos polacos estaban dispuestos a admitir que habían colaborado con los
alemanes en el exterminio de los judíos.
En esto, los polacos se consideraban mejores que el resto de Europa. Ahora,
las evidencias de Jedwabne y de los asesinatos cometidos en las aldeas
vecinas de Wasosz y Radzilow demuestran sin lugar a dudas que sí hubo
colaboración, aunque ésta se limitó a un área geográfica.
La conmoción que produjo el libro del profesor Gross fue aún más dolorosa
porque durante 200 años los polacos se han visto a sí mismos como víctimas
de la violencia de otros. Ellos no eran los victimarios. Por lo menos eso
creían hasta que el profesor Gross reveló los acontecimientos de Jedwabne.
Dada la historia de antisemitismo en Polonia, sobre todo en el periodo
entreguerras cuando después de 100 años de estar dividido el país recuperó
su independencia y buscó crear un Estado étnicamente unificado, los crímenes
de Jedwabne no deberían sorprender a nadie. Después de todo, durante la
ocupación alemana muchos polacos estaban convencidos de que Polonia tenía
dos enemigos: uno externo, los alemanes, y uno interno, los judíos. Le
debemos al desprecio ilimitado de Hitler hacia los judíos que no haya
intentado, mediante promesas y recompensas, conseguir deliberadamente la
colaboración de los polacos para exterminar a los judíos. Si no hubiera sido
por la estupidez y el falso orgullo de Hitler tal vez habríamos tenido
varias dozenas de Jedwabnes.
Después de que se dio a conocer la verdad sobre Jedwabne, la opinión pública
polaca se dividió. Aquellos de la derecha política y con ideas nacionalistas
o negaron la participación de los polacos en los asesinatos de Jedwabne o
intentaron restarle importancia diciendo que sólo habían participado
bandidos o elementos antisociales. También buscaron circunstancias
"atenuantes", señalando los supuestos daños que los judíos habían hecho a
los polacos durante la breve ocupación soviética de Jedwabne.
El campo opositor, numéricamente menor, se sitúa más a la izquierda del
espectro político. Acepta los hallazgos del profesor Gross y expresa su
tristeza por lo sucedido en Jedwabne. Ve en la revelación de la masacre de
Jedwabne una oportunidad para purgar los recuerdos polacos de la ocupación,
así como un estímulo útil para luchar contra el antisemitismo en la Polonia
de hoy. Estas personas afirman que un examen de conciencia honesto y un
compromiso para hacer enmiendas ayudará a Polonia a construir su democracia
y mejorar su imagen.
En cuanto a la Iglesia Católica, el 10 de julio de 1941 los sacerdotes de
Jedwabne no hicieron nada para impedir que los creyentes participaran en la
masacre. Hoy, la actitud de la Iglesia hacia Jedwabne es ambigua. El obispo
de Lomza, Stanislaw Stefanek, considera que todo este asunto es una
conspiración en contra de Polonia. El Primado de Polonia, Jozef Glemp, no
negó que los polacos hayan participado en el crimen, pero solicitó que los
judíos también se disculparan ante los polacos por haberlos perjudicado,
supuestamente, durante la ocupación soviética.
Sin embargo, el Episcopado decidió pedir disculpas a los judíos por
Jedwabne. Sin esperar al sexagésimo aniversario de Jedwabne y renuente a
disculparse en el lugar de la masacre junto con el Presidente de Polonia, la
Iglesia organizó una misa de penitencia el 27 de mayo en la Iglesia de Todos
los Santos en Varsovia (una iglesia cercana a lo que fue el Gueto de
Varsovia durante la guerra). Aunque sólo una tercera parte del Episcopado
participó en la ceremonia, este acto de contrición es valioso. Nunca se
había visto a obispos polacos de rodillas pidiendo perdón por pecados
cometidos en contra de los judíos.
¿Tiene sentido recordar acontecimientos que sucedieron hace 60 años en
Jedwabne, un pequeño pueblo cuyo nombre no conocían los polacos antes de la
publicación del libro de Gross? Hacer esa pregunta equivale a dudar la
importancia de recordar el Holocausto.
Ignorar el pasado "rinde sus frutos" al facilitar que se repitan los errores
del pasado en el presente. La humanidad es un sistema de vasos comunicantes
donde el conocimiento del pasado da forma al presente y al futuro. Además,
tiene sentido hablar acerca de Jedwabne no sólo en Polonia sino en todas
partes, porque este crimen revela una nueva y oscura faceta de lo que puede
hacer el ser humano.
Y es que la masacre de Jedwabne no se cometió en un campo de exterminio
rodeado de alambre de púas, sino en el típico pueblo pobre y pequeño, donde
todos se conocían, se veían a diario y habían vivido lado a lado durante
años e incluso siglos. Jedwabne revela otro aspecto del Holocausto: fue el
asesinato de vecinos cometido por vecinos. También es un ejemplo de cómo el
crimen se puede incubar en una vida cotidiana envenenada por el
antisemitismo.
Durante la ceremonia del 27 de mayo en Varsovia, el Obispo Stanislaw Gadecki
mencionó durante la liturgia a Jedwabne junto con Auschwitz y otros lugares
de exterminio masivo. Tuvo razón, porque Jedwabne es un nuevo nombre para el
Holocausto.
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Cada cosa que viene, de hecho está partiendo.
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está abandonando algo en su centro.
Su mano que gesticula cae a sus mismas profundidades
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está muy lejos de nuestro principio.
…
Qué animal tan gigante
respira, exhala tan reciamente los aires:
¿quién ronca?
EL mar se abalanza, lame la…

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