Este domingo 25 de octubre del 2009 Papá cumple un año de fallecido.Nunca pensé que extrañar a alguien podría ser tan doloroso.
Ni un solo día he dejado de pensar en el, en recordar su rostro, su voz, su aroma.Conforme pasa el tiempo y lo veo en mis fotografías, en mis videos, en sus escritos y en el libro sobre su vida su figura se agiganta en mi mente y en mi corazón.Conforme entiendo el porque se su sobrevivencia mas admiro su inteligencia, su entereza y sobre todo su amor por la vida y por todos nosotros, su descendencia.
Sueño con el con cierta frecuencia y aun entonces se dirige a mi con cariño y con sus consabidas frases como “¿sabes como se dice agua en polaco?” o mejor aún “Sishe Braibart,nuestro héroe legendario, era tan fuerte que al nacer cargo a su propia madre”. Despierto entonces con lagrimas de felicidad en mis ojos, quien fuera a decirlo.
Podría usar la trillada frase que “Papa nunca morirá mientras lo llevemos en el corazón” así que me reservo el derecho de usar la frase y creo que en ocasiones esta más vivo que nunca. Durante este año me he topado con incontables situaciones en que mis interlocutores no hacen más que elogiar la vida, la figura y el carisma de Papa hechos que agradezco de corazón más me quedo siempre con la idea que se quedaron tan cortos en sus apreciaciones como no se pueden imaginar. Don Salvador era un gigante.
Un aspecto muy simpático de su vida y que recuerdo siempre con una enorme sonrisa era su capacidad de dialogar, con quien fuera y en donde fuera, con propios y extraños, jóvenes y viejos, pobres o ricos más este dialogo lo coronaba en su máxima expresión con sus llamadas telefónicas. Cuando hace muchísimos años comentaba con mis hermanos que hablar por teléfono con el requería de mucho tiempo y dedicación lo tomaba yo como un orgullo personal cuando comentábamos que la ultima llamada había tomado mas de una hora y en ocasiones hasta dos. Años después la costumbre se extendió para con los nietos quienes gozaban inmensamente de las llamadas. Esta anécdota terminaría ahí hasta que durante la semana de duelo (Shiva) después de su muerte platique por separado con una de sus amigas sobrevivientes del Holocausto y con su “compadre” el inspector de escuelas rurales con quien más convivió y en donde ambos me comentaron que la mejor parte de su semana era cuando Papá los llamaba por teléfono y que las conversaciones eran tan ricas y tan largas que la familia tenia que cenar sin ellos.Aún ahora que me encuentro con sus “niñas” del comité del Museo Memoria y Tolerancia o bien sus ya muy “viejos” amigos de la juventud el comentario sobre sus llamadas telefónicas llenan de orgullo a mi ego. Hay Papá, como extraño tus llamadas.
Tuve la fortuna de convivir muy cerca de el durante los dos últimos años de su vida gracias a “su libro”, y no que nunca hubiésemos sido cercanos, pero poder viajar con mi viejo por el interior de la Republica, verlo platicar sus cuitas en tan diversos ambientes pero sobre todo observar como la gente se le entregaba, como luchaban por tomarse una foto con el, como hacían colas de horas para recibir un autógrafo suyo en el libro y como dedicaba su corazón vasto en cada dedicatoria es algo que no dejaré de atesorar nunca.
Hay Papá, no sabes como te extrañamos todos.
Etiquetas: Braibart., Holocausto, Shiva, Sishe
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