El último sobreviviente es una narración que lleva a conocer los horrores del Holocausto a través de las vivencias de una de sus víctimas. Uno podría ver en esta obra simplemente una biografía novelada. Sin embargo, va mucho más allá.

Arón, y también su padre Shie, a través de sus conferencias y actividades han buscado “romper” las limitaciones de lo que comúnmente la gente entiende por “Holocausto”. El libro es el punto de partida y el hilo conductor de una reflexión que va más allá del antisemitismo que busca erradicar al pueblo judío. Víctimas de la política sistemática de exterminación fueron muchos otros grupos de la población. Hoy en día, “Holocausto” debe significar quizás el horror al que llevan la intolerancia, la no aceptación del derecho del otro a ser como quiera ser, la negación del derecho a la diversidad, la lucha de unos que pretenden la homologación de los humanos, la negación del individuo y de sus derechos. En cierta forma la frase “todos somos judíos” o “todos PODEMOS ser judíos” encierra el gran significado que está detrás de la narración de la vida de don Shie Gilbert. Arón escribió una obra que se presta para disertar y reflexionar en torno a la intolerancia ayer y hoy. La historia pasada y presente está llena de ejemplos de cómo hay sectores, corrientes políticas y sociales en todo el mundo que practican la intolerancia. Así como antier fueron los negros, ayer fueron los judíos y hoy, quizás exagerando, los Emos. Así de cercana está la cosa. El discurso de Arón es una suerte de monólogo circular que va del hoy al ayer, del ayer al mañana, del mañana al presente, siempre cuestionando, siempre sorprendiendo, siempre despertando la conciencia sobre cómo el horror puede sobrevenir en cualquier momento… es más, cómo podemos nosotros mismos, con nuestras actitudes, con nuestra falta de conciencia civil, estar sembrando las bases para que se repita lo que negros, homosexuales, comunistas, minusválidos… y sí, también judíos, ya han vivido, sufrido, llorado. Y tú… ¿qué piensas?